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| El pulso de la semana |
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"Saber que se puede, querer que se pueda" (Color Esperanza, Diego Torres) 6 de febrero de 2010 (Edición No. 87) La unidad, antes que todo Cuando la semana pasada comentamos el proyecto de amnistía con el cual los liberales respondían al chantaje Orteguista de reabrir causas al ex Presidente Alemán y a Eduardo Montealegre, porque ambos estaban contribuyendo al reagrupamiento de la oposición en torno a la elección de magistrados en el Consejo Supremo Electoral y la Corte Suprema de Justicia, entre otros cargos de mucha importancia, dijimos que la situación distaba "de ser sencilla", y agregábamos que no había "soluciones fáciles, menos las simplistas." Dijimos entonces que debía "superarse el falso dilema de chantaje o impunidad", según el cual apoyar la amnistía era propiciar la impunidad, y rechazarla era someterse al chantaje de Ortega. Sobre ese hilo de razonamiento dijimos que caer en ese dilema era ignorar que Ortega es, al mismo tiempo, el verdadero dueño del chantaje y de la impunidad, y que "mientras Ortega siga en el poder no hay forma alguna de escaparse al chantaje y poner fin a la impunidad."Concluíamos que con Ortega no cabe negociar, "como lo demuestra la futilidad de la negociación que a inicios del 2009 dio a Ortega el control de la Directiva de la Asamblea Nacional, a cambio de un sobreseimiento del ex Presidente Alemán, que ahora resulta no sirve para nada. A Ortega hay que derrotarlo, -puntualizamos- y no hay camino para derrotarlo que no sea la unidad de toda la oposición. Custodiar esa unidad, o sus posibilidades, es la cuestión más importante, porque de lo contrario todos, por la vulnerabilidad de algunos, seguiremos rehenes de Ortega". Lamentablemente, el debate político nacional ha caído en el falso dilema chantaje o impunidad, y su derivación ha sido amnistía sí, o amnistía no. Y Ortega, desde su balcón de arrogancia y poder, sonríe mientras mira como nos dividimos en torno a ese falso debate, porque la discusión sobre la amnistía ha resultado divisiva de la creciente unidad de la oposición, y divisiva de la sociedad en su conjunto, como lo demuestran las opiniones vertidas en los medios de comunicación por dirigentes religiosos, políticos, culturales y sociales de diversos sectores. Además, y como lo decíamos en nuestro comentario de la semana pasada, en las condiciones actuales de control del sistema judicial por parte de Ortega, éste siempre encontrará manera de intentar tener rehenes, aunque haya ley de amnistía. Ya lo están anunciando dirigentes legislativos del Orteguismo que hablan de nulidad de la eventual ley de amnistía, y de recursos contra la misma ante tribunales controlados por el Orteguismo. La semana se ha cerrado, por un lado, con la oposición y la sociedad dividida por el proyecto de amnistía, y por otro lado, con la arrogancia de Ortega proponiendo se reelijan a todos los magistrados del Consejo Electoral, de la Corte Suprema de Justicia y de la Procuraduría de Derechos Humanos, que son los responsables del fraude electoral, de que Nicaragua no tenga un sistema electoral mínimamente confiable, y que la impunidad delictiva campee en el sistema judicial. La propuesta de Ortega solamente se explica porque confía en la división de la oposición. Estamos democráticamente obligados a negarle ese placer. Entonces: si el proyecto de amnistía está dividiendo a la oposición y la sociedad; si ese proyecto no tiene garantizado los votos para ser aprobado; y si fuese aprobado, no salva a nadie del chantaje judicial; si ese proyecto está dando a Ortega las banderas de la lucha contra la corrupción, siendo el mayor corruptor del dinero, de la política y las instituciones. ¿No sería mejor considerar retirar ese proyecto, desafiar el chantaje de Ortega, como lo han dicho esta semana Alemán y Montealegre, quien por cierto ha sido tenaz en resistir las presiones de Ortega, y unir todos los votos del antiorteguismo en la Asamblea Nacional, y elegir un Consejo Electoral que garantice elecciones creíbles, confiables, en el 2011, en las cuales el Orteguismo jamás ganaría, y a la vez empezar a renovar a la Corte Suprema de Justicia con Magistrados honestos y competentes?
Si el falso dilema amnistía sí, amnistía no, nos atrapa, y nos divide, todos seguiremos rehenes de Ortega. La buena noticia Hay sin embargo, al terminar la semana, una buena noticia. Frente a la arrogancia de Ortega de proponer la reelección de todos los magistrados del Consejo Supremo Electoral, de la Corte Suprema de Justicia y de la Procuraduría de Derechos Humanos, todas las bancadas opositoras han reaccionado diciendo que se mantendrán los compromisos de Metrocentro II, que incluyen la no reelección de ninguno de los magistrados del Consejo Supremo Electoral. Como lo hemos dicho en tantas ocasiones, y pese a naturales e inevitables diferencias de opinión sobre temas coyunturales, el principal compromiso en torno al cual debe afirmarse la unidad de toda la oposición es recuperar para nuestro país el futuro electoral que ahora no tiene y poder desalojar al Orteguismo del poder, y eso pasa, antes que todo, por tener un Consejo Supremo Electoral que garantice las condiciones mínimas de una elección democrática. Si el debate sobre la amnistía nos divide, la posición sobre la elección de magistrados al Consejo Supremo Electoral, debe unirnos.
Democracia no es unanimidad Como le hemos dicho en otras ocasiones, democracia no es unanimidad de opiniones. Por el contrario, la esencia de la democracia es la diversidad y pluralidad de opiniones, y la tolerancia frente a posiciones diferentes a las propias. En cambio, la esencia del totalitarismo, de derecha, como el de Hitler, o de supuesta izquierda, como el de Stalin y Ortega, es el pensamiento único, que todos pensemos de la misma forma que el dictador. Anoto lo anterior porque frente la diversidad de opiniones sobre la amnistía, se han levantado algunas voces de intolerancia reviviendo fantasmas del pasado, o bien atribuyendo intenciones ocultas a quienes discrepan del proyecto de amnistía. Y también, ha habido intolerancia por parte de jóvenes que han manifestado de manera indebida su malestar ante la casa de diputados que apoyan la amnistía. Todo lo que abone en dirección a la división de la oposición, abona a favor de Ortega. Afortunadamente, y como lo comentamos anteriormente, esa división de opiniones pareciera no haber alterado el compromiso unitario en torno a lo fundamental: rescatar para nuestro país el futuro democrático que por ahora ha perdido. Si ese compromiso de unidad opositora en torno a la elección de magistrados del Consejo Supremo Electoral se mantiene, una luz de esperanza despejará el camino de Nicaragua hacia un mejor futuro. |
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